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jueves, 17 de febrero de 2011

Estrés - Formas de Combartilo

¿Qué es el estrés?

Es una respuesta natural y necesaria, es un mecanismo de defensa que nos permite adaptarnos ante diversas situaciones, provocando que el cerebro se ponga en guardia. La reacción del cerebro es preparar al cuerpo para la acción defensiva. El sistema nervioso se despierta y las hormonas se liberan para activar los sentidos, acelerar el pulso, profundizar la respiración y tensar los músculos. Esta respuesta (a veces denominada respuesta de lucha o huida) es importante, ya nos ayuda a defendernos contra situaciones amenazantes. La respuesta se programa biológicamente. Todo el mundo reacciona más o menos de la misma forma, tanto si la situación se produce en casa como en el trabajo.

Sin embargo cuando esta respuesta natural se da en exceso se produce una sobrecarga de tensión que repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano.

¿Puede el estrés ser positivo?

Siendo el estrés un mecanismo de adaptación del ser humano por supuesto que es bueno y puede tener consecuencias positivas para el sujeto, hablamos así de “eustrés” cuando la respuesta del sujeto al estrés favorece la adaptación al factor estresante. Por el contrario, si la respuesta del sujeto al estrés no favorece o dificulta la adaptación al factor estresante, hablamos de “distrés”.

¿Cuándo el estrés es negativo?

En la actualidad, las dificultades que encontramos cada día (tráfico, problemas en el trabajo, exámenes, discusiones en familia, etc.) provocan la misma respuesta de “alarma o huida” y el cuerpo se prepara para salir corriendo pero, como estaría mal visto, apretamos puños y dientes y nos quedamos quietos. Sin embargo, la respuesta fisiológica al estrés es innata y sigue funcionando sin que ocurra una respuesta física activa que libere la energía y la tensión de cada día. Esto provoca una reacción prolongada e intensa que puede producir problemas físicos y psíquicos graves. No en vano, el estrés es uno de los factores de más alto riesgo en las enfermedades cardiovasculares.

¿Cómo podemos combatirlo?

  • El mantener nuestras actividades en equilibrio nos ayuda a reducir los niveles de estrés, es decir: asignar tiempo adecuado para cada área de nuestra vida: familia, amigos, trabajo, estudios, diversión y mantener un espacio personal, realizar un hobbie o llevar una vida espiritual nos ayuda a mantener nuestra vida en actividad constante, no olvidemos que el cambio de actividad es sano y nos ayuda a despejar la mente de la actividad anterior. 
  • La actividad física nos ayuda a oxigenar nuestro cuerpo y nuestra mente, y es mucho más placentera si la realizamos en compañía de la familia o amigos 
  • El descanso adecuado y dormir bien al menos 8 horas por la noche permite al cuerpo relajarse y renovar fuerzas para el día siguiente. Si no descansas cada noche, el estrés se agudiza y se convierte en crónico.
  • Pasar un tiempo en familia, en pareja o con los niños fuera de la rutina de todos los días, te ayudará a dejar de lado las conversaciones de todos los días y así se podrán crear momentos especiales en los que el objetivo principal va a ser compartir, amar y ser amado.
  • Localizar el origen del estrés te ayudará a entender que es lo que debes cambiar y así eliminar lo que lo está desencadenando. Escribe en un papel tus metas y objetivos y como llegar a ellos, recuerda que se deben ser alcanzables para ti. 
  • Mantener una actitud positiva ante los problemas te va a permitir enfrentarlos con mayor flexibilidad y en consecuencia tu mente tendrá más apertura de encontrar una solución para los problemas. 
  • Aceptar las limitaciones propias, no crear más obligaciones de las necesarias y aprender a exteriorizar las emociones te ayudará a entender que somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos y aceptarnos con defectos pero también con virtudes.
Recuerda: 

En las situaciones de estrés es más importante la idea que tienes de los problemas, que los problemas en sí mismos, lo cual a veces trae apreciaciones erradas de la realidad, aumentando la sensación de angustia e impotencia. El estrés bueno, ese que proviene de los pequeños retos cotidianos y que nos ayuda a ser mejores de alguna manera, también debe ser dosificado procurando no llegar a caer en el exceso pues tenemos que tener en cuenta nuestras propias limitaciones.

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